|
por Miguel Huezo Mixco
Ricardo Trigueros de León es el fundador
de la más importante tradición editorial de El Salvador.
Con todo, existe un equívoco que debe aclararse: el primer
Director de la casa editora no fue Trigueros de León sino
Hugo Lindo. Lindo estuvo en la silla sólo algunas semanas
y luego le hizo el pase a aquel joven que recién volvía
de España con título de abogado, y que llegaría
a ser el hasta ahora mejor dotado editor de nuestra historia.
Nunca he sabido dónde aprendió
el oficio de hacer libros. Tenía inteligencia natural para
ello. Sospecho que lo aprendió en grupo, rodeándose
de los escritores y artistas más sensibles de su momento.
Ellos le aportaron visión y buen gusto. Trigueros aportó
un orden: el trabajo editorial más que imprimir y encuadernar
papel, ante todo es un estilo. Es una forma de impactar la cultura
de una sociedad, pero no se crea que es un oficio sublime. A menudo
resulta ingrato. Tiene algo de fontanería: los tubos deben
llevar el agua sin derrames; y de sastrería: los botones
del traje deben quedar a la medida. Luego está la parte más
difícil: contar con una constelación, así sea
pequeña, de autores, del pasado y del presente, con algo
nuevo e interesante qué decir y que además lo pongan
por escrito dominando el idioma español. Esos son los escritores.
Las editoriales ayudan a forjar esos personajes. Trigueros de León
creó un conjunto de colecciones muy bien cuidadas que ahora
son una parte especial de nuestro patrimonio bibliográfico.
Aunque suene grosero, también creó autores,
y les creó un público. Algo más: definió
una medida de exigencia. Y eso es importante: al escritor (y por
ende a la cultura) le ayuda más la exigencia que la complacencia.
Por todo lo dicho, Ricardo Trigueros fue en
realidad el fundador de nuestra casa editorial. Sobre la base de
sus colecciones y creando otras nuevas, acordes a esta época,
refundamos en 1996 la Dirección de Publicaciones e Impresos
de CONCULTURA. Parecerá inmodesto, pero eso era lo que tocaba
hacer. Aquí no había archivos, ni fichas de autores,
ni registros legales, ni siquiera una colección completa
de la revista "Cultura". Aparte de algunas personas bien
intencionados, por la silla de don Ricardo pasaron personas ávidas
de reconocimiento que, como primera providencia, se recetaron la
publicación de sus propios libros. El mal gusto campeaba
y las colecciones fueron destrozadas; la herencia de Trigueros fue
dilapidada. Pero ocurrió algo peor: el trabajo editorial
prácticamente había desaparecido. Aunque nuestros
talleres, cuentan con un personal que profesa devoción al
noble arte tipográfico, la editorial estaba abolida.
No hay duda que el proyecto de Trigueros de
León fue saludable, tanto como para sobrevivir a la negligencia
y la incapacidad. En gran medida, nuestro trabajo ha sido recoger
y darle continuidad al proyecto de Trigueros y sus contemporáneos.
Por hoy, tenemos colecciones bastante ordenadas y, hasta la fecha,
en los últimos cuatro años, entre autores, prologuistas,
traductores, compiladores y diseñadores, hemos trabajado
con casi doscientas de personas del mundo de las letras y las artes.
En este despacho se habla de Ricardo Trigueros como "el Director".
Ricardo Trigueros sigue siendo el Director.
|
|