Esta selección de fragmentos
provenientes del diario Patria fue realizada y publicada
por la revista Tendencias, No. 46, en noviembre 1995, San
Salvador.
[Autorretrato]
[La iglesia] [La
vitamina P] [El artista
y el partido]
[Capitalistas y
Comunistas] [Retrato
de Faramundo] [¡Mujeres!]
Entre los años veintes y treintas,
Salarrué fue redactor y, por un tiempo muy breve, director del diario
Patria fundado por Alberto Masferrer. Allí, al calor
de los acontecimientos escribió artículos y comentarios de varia naturaleza.
Entre otros tesoros encontrados por Ricardo Aguilar Humano en el estudio
de Salarrué, hay un destartalado álbum de recortes en el que nuestro
escritor pegaba al desgaire, sin orden ni concierto, sin fecharlos,
algunos de los trabajos que publicaba. Hemos entresacado fragmentos
de ese material revelador y, no pocas veces, desconcertante por su
plena vigencia.
Tendencias
Autorretrato
Soy
hombre poco escrupuloso aunque algunos queriéndome hacer favor, digan
de mí que soy buena gente. Hay algo, no soy modesto. Si lo fuese,
no estaría aquí gritando envalentonado con la camisa de fuera en este
escarpado lugar. Soy también muchacho malcriado, irrespetuoso, y me
complazco a veces en andar tanteando la paciencia de los vecinos,
como aquel famoso Kolia de Dostoyevski que armaba camorra por armarla.
Tengo grandes defectos pero también tengo grandes cualidades, y sobre
todo poseo una muy rara virtud: la de la flexibilidad humana que mata
la personalidad y presta la indiferencia para con los honores y los
galardones. Los artistas son seres internacionales, pero entre ellos
hay algunos tan internacionales que ya ni personalidad tienen. Estos
son los poetas, no los que hacen versos sino los que aman intensamente
la vida, que son los verdaderos. Entre ellos me cuento, gracias a
Dios.
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La
iglesia
No
sé a ciencia cierta lo que la Iglesia Católica encierra en el fondo;
hasta he dudado que tuviera un fondo. No conozco los vericuetos del
dogma y del ritual de la Iglesia Romana y aunque encuentro en su seno
Franciscos y Teresas que me llenan de admiración, he sido impotente
para extraer, de lo que conozco (la iglesia nuestra entre nosotros),
un jugo medianamente paladeable.
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La
vitamina P
La
principal actividad, el eje alrededor del cual gira la vida de algunos
pequeños pueblos del mundo, es la Política. Casi todos los llamados
ciudadanos tienen la atención fija en el centro de aquel remolino
que se traga la vida entera de las pobres gentes.
Pobres pueblos estos. Las actividades de
la ciencia, del arte y la filosofía están olvidadas, despreciadas.
La autoridad está en la cumbre de la política, y las vidas están condicionadas
por ella. En estos pobres pueblos, a las sorpresas y los cambios que
esta rudimentaria forma de poder ofrece ¿cómo puede hablárseles de
arte, o decencia o filosofía? Ellos vuelven indiferentes la cabeza
a toda manifestación que no esté sellada con el sello rojo de la política;
beben política, respiran política, sudan política desde el colegio
hasta la tumba.
Las voces de los hombres libres de esta peste
son para ellos zumbidos de zancudo. Y tarde o temprano esos zancudos
son aplastados de una palmada, por el temor de que puedan inocular
la fiebre de la cordura.
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El
artista y el partido
Carta a Alberto Masferrer
...Soy
un hombre antigregario, mi naturaleza de artista me hace apartarme
de todo lo que es grupo, casta, secta, partido, conciudadanía e ismos
en general. Por ello y no por otra razón me resisto a formar parte
del Partido Vitalista. Comprendo la trascendencia de tal organización,
pero entiendo la doctrina como tal, porque doctrina es amplitud y
partido es restricción (...) Por medio de esta carta voy hacia usted
en mi impulso inicial, porque siento la imperiosa necesidad de ir
hacia usted; mas quiero ir libremente, sin compromisos de partido,
reservándome el derecho de estar al margen de todo lo que sea reglamentación,
canon o condición; mi calidad de artista me da tal derecho.
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Capitalistas
y Comunistas
Respuesta a los patriotas
La
mayor parte de vosotros se dedican en su patriotismo a pelearse por
si tienen o no derecho, por si será zutano o fulano, por si conviene
un ismo u otro a la prosperidad de la nación. La prosperidad es para
vosotros tenerlo todo, menos la tierra en su sentido maternal. Capitalistas
embrutecidos, perezosos y bribones muestran sus caras abotagadas y
crueles a no menos crueles comunistas pedigüeños, sórdidos y rapaces.
Mientras estos dos bandos en todos sus grados de intensidad se gruñen
unos a otros, nosotros los soñadores no pedimos nada porque todo lo
tenemos.
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Retrato
de Faramundo, 1933
Ayer
cumplió un año de muerto Agustín Faramundo Martí. Queremos dedicar
a su memoria estas breves líneas; primero, porque fue nuestro amigo
y varias veces estuvimos a solas conversando de las cosas del espíritu;
y segundo porque Martí, por su calidad de hombre de ideal, de renunciador,
de héroe, se merece la admiración de todo hombre sano, no por sus
ideas sino por su entereza e inegoismo para sostenerlas.
Agustín era hombre sencillo, sin vanidad,
sin debilidad. Había bajado su testa como los toros y con los ojos
cerrados, recto atacaba la sombra que lo exasperó, la misma sombra
voluminosa que enardecía al soñador Ricardo Alfonso Araujo. El amor
de ambos a los sufridores, a los oprimidos, los elevaba a la calidad
de padres. Su parcialidad era casi instintiva y no veía más allá de
los engañosos hechos. Creía ingenuamente en la infelicidad del pobre
y en la felicidad del rico y todo esfuerzo por demoler, con el ariete
de la filosofía, este cimiento de odio, fallaba pronto. Con la temeridad
del indio picado por el tamagaz que se vuela de un tajo la mano, así
Faramundo Martí se lanzaba sobre ese miembro de la sociedad que consideraba
engangrenado. Sabía que le costaba la vida y no tembló. Llegó su hora,
y en el mismo Día de la Madre entregó sonriendo su cuerpo a la madre
tierra, como semilla de una ensoñada liberación.
Patria, 11 de mayo, 1933
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¡Mujeres!
Vosotras
sois los hombres nuevos de la tierra. Ya es hora que salgáis de esa
mascarilla de divertir hombres que es la feminidad. Arrebatad las
palabras de los labios de los hombres. Opinad, burlaos, criticad.
Salid de vuestra secular pereza llena de mamilas, sonrisas húmedas
y ojos entornados. Sed hélice de este hombre actual, insípido e incapaz,
que con el lastre de sus vicios se hunde antes del aterrizaje en la
playa azul de su destino racial. No os pedimos que paséis a llenar
funciones destinadas al macho, o que demostréis que sois tan brutas
y tercas como ellos: atesorando, haciendo la guerra, holgando bestialmente;
sólo queremos que vayáis al más remoto rincón de vuestra caverna antediluviana,
que encontréis aquella terrible maza de madera que tan buen uso os
prestó en el remoto pasado, que le quitéis el polvo tiernamente, os
acerquéis a la paradisíaca hamaca en que yace el hombre vuestro; y,
blandiéndola valientemente, le déis un buen cachiporrazo en la cabeza
gritando al mismo tiempo: "¡No te duermas, desgraciado!".
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