Los Dioses
El rostro de los dioses se asomaba al abismo
y allí los hombres mínimos se destrozaban los unos a los otros llenos
de pasión. Los dioses de faz serena sonrieron una vez más y dijeron:
-Todavía no.
Las Campanas
Pasaban tristes en la torre vieja, pero un
día una banda de golondrinas invadió la torre para hacer de ella su
retiro de verano; entonces se alegraron tanto las campanas que echaron
al viento sus badajos y se pusieron a cantar.
Siguen tristes.
El Río
Un río que caía al mar entre promontorios
gigantescos les decía a éstos:
-He vertido mis aguas en esta gran cuenca
durante muchas centurias y aún no he logrado colmarla.
La Flor del Amor
La mariposa loca revoloteó junto a la rosa,
con tan poco tino que se clavó en la espina y allí quedó muerta, con
sus alas azulverdeoro, bellamente fláccidas, caídas sobre
las hojas.
-¿Qué flor eres? -preguntó sorprendida y
celosa la rosa reina del jardín.
-Soy la legítima flor del amor -repuso la
espina orgullosa.
Y sin saberlo, decía la verdad.
La Justicia
-Hijo mío -decía el Rey Padre-, no debes
preferir nunca la justicia humana a la divina justicia.
-Entonces, oh padre -respondió el Príncipe-,
quiero comer esta noche en la mesa de mis sirvientes.
Frunció el Rey en entrecejo y apuntó:
-Pero no olvides que tu misión comprende
el mantenerte en cierta posición sobre tus súbditos, para que éstos
no olviden que has sido dado a ellos como Rey y Señor por la Justicia
Divina.
-En tal caso -repuso el joven Príncipe-,
la Justicia Divina no es la Justicia del Bien.