Es paradójico, es díficil para un dibujante, ser elocuente y decir la palabra justa a un poeta. El dibujo se oye con la mirada, la poesía se ve con los oídos. La voz no es lineal, y, no puedo colgar en el espacio, en los huecos de las palabras, las curvas perezosas para amortiguar la bilis de la caricatura; no puedo colgar esas nubecitas largas que van en el cielo blanco del papel, esos panes humorísticos que ayudan a olvidar el mal persistente aquí abajo.